
En la antesala de su debut en el legendario Teatro Colón de Buenos Aires como Giulietta en Los cuentos de Hoffmann, la aclamada soprano italo-estadounidense Marina Costa-Jackson conversa a corazón abierto con BlueberryMusica sobre la maternidad, los inicios tardíos, las heroínas de Puccini y el poder transformador de la lírica.
Mientras algunas cantantes de ópera prefieren mantenerse en un pedestal intocable, hay otras que decididamente te miran a los ojos y se abren respecto a su vida y profesión. Así es Marina Costa-Jackson: cálida, vivaz y con una sencillez refrescante.
En la previa a su inminente debut en el mítico Teatro Colón encarnando a la cortesana Giulietta en la monumental puesta en escena concebida por Eugenio Zanetti para Les contes d’Hoffmann de Jacques Offenbach, la cantante comparte un café entre risas, complicidad y reflexiones profundas. Lejos de cualquier solemnidad impostada, Marina habla con el alma: desde la revelación tardía que la alejó de la psicología infantil para llevarla a los escenarios líricos más importantes del mundo, hasta la honestidad brutal de criar a tres niños mientras se abraza una carrera internacional de alta exigencia.
Luciano Ayala: Es tu primera vez en Buenos Aires y te encontrás con el Teatro Colón, que ostenta un estatus legendario en el mundo de la lírica. ¿Cuáles son tus sensaciones en estos días previos al estreno de esta producción de Los cuentos de Hoffmann?
Marina Costa-Jackson: Es un honor absoluto. Cuando fuimos a ver el concierto de Juan Diego Flórez, fue la primera vez que pisé el teatro. Entré junto a Mar Morán – que hace el papel de Olympia -, nos miramos y éramos literalmente dos fangirls. Nos reíamos con timidez, diciendo: «¡Dios mío, vamos a cantar acá!». Estábamos tan entusiasmadas que resultaba hasta un poco vergonzoso: uno pensaría que como cantante de ópera vas a mantener la compostura y la clase, pero nosotras estábamos riéndonos como nenas de colegio, eufóricas por la oportunidad de cantar en este lugar. Es un teatro hermoso, la acústica es maravillosa y, por supuesto, legendaria. Un sueño hecho realidad.
L.A.: Te toca abordar un rol sumamente icónico del repertorio, que ha conocido puestas tanto vanguardistas como tradicionales. En este caso, la producción de Eugenio Zanetti es muy visual, colorida y de corte más clásico. ¿Cómo te sentís en la piel de Giulietta, considerando su exigencia vocal y lo que implica el acto veneciano?
Marina Costa-Jackson: En esta versión que hacemos en el Colón, Giulietta no tiene aria propia. Cuando hice el rol en Londres sí cantaba un aria, pero aquí el personaje, para serte honesta, no resulta intimidante porque mi trabajo consiste en divertirme y ser sexy. Por supuesto, está la Barcarola («Belle nuit, ô nuit d’amour»), que es ese dúo tan célebre y ya un ícono en sí mismo. La música es bellísima. Llevo un corsé, un vestido deslumbrante, una peluca entre rojiza y fucsia… Mi cometido escénico es disfrutar y desplegar sensualidad, y considero que eso es un regalo inmenso para un debut en un teatro de este calibre. Puedo enfocarme en disfrutar el privilegio de estar en este escenario, luciendo lo mejor posible gracias a la deslumbrante estética que creó el maestro Zanetti. De hecho ¡creo que me tocó el mejor vestido de toda la obra!
L.A.: Esta ópera tiene pasajes sombríos, pero también momentos de ligereza y calma. Es una bocanada de aire fresco en una temporada del Colón que vino cargada de tintes trágicos: arrancamos con Cavalleria rusticana, seguimos con Otello, Manon Lescaut y luego Die Walküre. ¿Dónde te sentís más a gusto como intérprete: en la comedia y la ligereza o sumergiéndote en roles netamente dramáticos?
Marina Costa-Jackson: Es una gran pregunta. Me llevo cosas muy distintas de cada faceta. Habitualmente canto roles trágicos: he hecho mucha Tosca, Manon Lescaut, muchísimas Traviatas y tantas Mimìs en La bohème. Hay algo profundamente catártico desde lo emocional en atravesar ese arco dramático en una sola noche y bajar del escenario exhausta porque lo diste absolutamente todo. Como artista, esa sensación de entrega total es maravillosa. En cambio, los roles que tienen más comedia o luminosidad, como mencionabas, te devuelven energía. Las dos vertientes tienen su encanto: de una salís energizada y en la otra te vaciás por completo. Pero si tuviera que elegir una, me inclino por lo dramático. Físicamente es el tipo de instrumento vocal que tengo y me fascina dejar el corazón sobre las tablas.
L.A.: Si tuvieras que elegir un papel que pudieras cantar una y otra vez sin cansarte jamás, ¿cuál sería?
Marina Costa-Jackson: Diría Tosca, sin dudarlo. Ya la canté tres veces y quiero seguir haciéndolo por el resto de mi vida. En el segundo acto matás a un hombre; en el tercero te arrojás al vacío desde un edificio. Realmente no te guardás nada.
L.A.: Y tiene además ese instante cumbre, el «Vissi d’arte», donde se sintetiza la vocación más pura: vivir por y para el arte.
Marina Costa-Jackson: ¡Totalmente! Ella es cantante; es decir, soy yo y somos todas las cantantes líricas. Y el modo en que Puccini la concibió es fascinante: no es un personaje «para Instagram». Es celosa, es insegura, es una mujer de carne y hueso, pero, al mismo tiempo, con una fortaleza inmensa. Me permite interpretar, en esencia, una versión magnificada de mí misma con esa maestría única que Puccini tenía para escribir para las mujeres.

L.A.: ¿Y qué rol sentís que tenés pendiente, ese que te morís de ganas de abordar y estás esperando el momento oportuno en tu carrera?
Marina Costa-Jackson: Es curioso. Como artista, uno alcanza cierta madurez… pero siempre tuve una voz de tintes dramáticos. En mis veintes, todo el mundo me decía: «Esperá, esperá, tené paciencia». Sin embargo, mi voz estaba lista para el repertorio que terminé asumiendo y he sido muy afortunada de cantar casi todos los roles que soñaba. Pero hay uno que todavía no canté y muero por hacer: Madama Butterfly. Ya no se trata de esperar madurez o preparación vocal; siento que estoy lista y ya casi tengo 40 años. He cantado muchísimas heroínas de Puccini, pero todavía no se dio la oportunidad con Cio-Cio-San. Ojalá llegue pronto.
L.A.: Recién mencionabas tus comienzos. ¿Siempre tuviste claro que querías dedicarte al canto lírico o contemplaste otros caminos profesionales?
Marina Costa-Jackson: ¡Para nada! Hasta los 21 años no tenía el más mínimo interés en ser cantante de ópera. Empecé muy tarde. Vengo de una familia donde somos tres hermanas y las tres somos cantantes líricas. Mi hermana Miriam ya a los 11 años cantaba fragmentos de I puritani, escuchando los discos de Maria Callas. Poco tiempo después, mi hermana Ginger también empezó a formarse. Yo, como hija del medio, decía: «¡Ni loca me meto en eso!». Las veía llorar diciendo que no habían sonado bien, las veía sufrir con los nervios y pensaba: «Esto es demasiado drama, no quiero formar parte de este mundo». De hecho, terminé mi educación general y mi plan era especializarme en psicología infantil.
L.A.: ¿Y qué fue lo que cambió el rumbo?
Marina Costa-Jackson: Cuando escuché a mi hermana cantar la Barcarola de Los cuentos de Hoffmann, precisamente la misma música que hoy me toca cantar acá y que interpreté hace un par de años en la Royal Opera House. En ese instante me di cuenta de que no hay nada más hermoso sobre la tierra. Cuando el canto lírico se hace bien y las voces empastan armónicamente en el aire, es como tocar el cielo; sentís que la vibración de toda la habitación se transforma. No existe nada más fascinante que eso. Me dije: «No puedo quedarme afuera, tengo que intentarlo». Lo intenté y todo se dio muy rápido a partir de ahí.
L.A.: ¿Qué tan complejo resulta sostener una familia con una profesión que te exige viajar constantemente por el mundo?
Marina Costa-Jackson: Es dificilísimo. Para sostenerte en el primer nivel tenés que estar siempre viajando. Hubo años en los que estuve fuera de casa once de los doce meses. Pero cuando fui mamá, entendí algo que quizás suene muy tradicional, pero lo sostengo con convicción: ser madre es el rol más importante y hermoso que asumí en mi vida. Decidí bajar un cambio conscientemente en el ritmo de mi carrera para poder estar con ellos en esta etapa temprana; necesitan presencia, necesitan a su mamá y a su hogar. Hay cantantes maravillosas que viajan con sus hijos, pero mi esposo tiene un trabajo corporativo de oficina y no siempre puede acompañarme. Es una dinámica compleja y un sacrificio mutuo. Cuesta dejarlos, pero también es fundamental apoyarnos en las pasiones de cada uno. Tengo la bendición inmensa de contar con una red familiar que sostiene mi arte: mi marido, mis padres, mis suegros… son una comunidad de contención y amor absoluto.
L.A.: ¿Qué edades tienen los chicos?
M.C.J.: Tengo dos hijastros de 7 años y mi hija de 6.
L.A.: Una edad de puro descubrimiento y estímulo. ¿Te vieron cantar en vivo alguna vez?
Marina Costa-Jackson: Mi hija me vio por primera vez el verano pasado. Yo estaba como coach vocal en el Trentino Music Festival y me tocó dar un recital con el cuerpo docente. Ella me había visto en videos, pero nunca en directo. Me miraba perpleja y al bajar me dijo: «Mamá, ¡cantás demasiado fuerte! Me dio un poco de vergüenza». Pero en un momento del concierto, estando en Italia, me puse a cantar la clásica canzonetta «Mamma». Miré al público y todas las madres italianas estaban llorando de la emoción. Yo les extendía las manos —hay un videito de eso en mi Instagram— y mi hija, al verme conectar con la gente, estiró su manito hacia mí. Fui hacia ella, la alcé y terminé cantando la última parte de la canción con mi beba en brazos. Fue un momento mágico: entendió por fin qué hace mamá cuando está lejos, cómo se conecta con las personas y de qué manera el arte transforma realidades. Más tarde, las señoras italianas se le acercaban para decirle lo hermosa que era, y ella vino inflada de orgullo a decirme: «¡Mamá, soy tan popular acá, todos me aman!». Le dije: «Eso es lo que hace el arte, mi amor: el arte es amor».

Eugenio Zanetti estuvo a cargo de la dirección escénica, diseño de escenografía, vestuario e imágenes de esta puesta de Les Contes d’Hoffmann en el año 2019. Se encontraba trabajando en la reposición que acontecerá en breves cuando, repentinamente, falleció. La producción se llevará a cabo siguiendo la idea concebida por el Maestro.
L.A.: Retomando la ópera: la puesta de Zanetti es visualmente impactante, muy atractiva para quien se acerca por primera vez al género. Pero en una era dominada por el consumo fugaz, los reels y los contenidos de segundos, ¿sentís que a la lírica le cuesta más captar nuevas audiencias o este tipo de espectáculos allana el camino?
Marina Costa-Jackson: Vivimos en una época en la que todo tiene que ocurrir al instante: si no te gusta lo que ves en redes, deslizás el dedo en tres o cinco segundos. Esta producción de Hoffmann es sumamente accesible: es hermosa, la historia atrapa y la música es arrolladora. Pero también creo que, en medio de tanta inmediatez, está resurgiendo la necesidad de desacelerar: necesitamos entender que frenar y absorber humanidad nos enriquece profundamente la vida. Quien le da una oportunidad real a la ópera y logra sentarse en la butaca, casi siempre queda atrapado por este «bichito». Lo complejo es convencer a ese nuevo público de que venga y se siente. Mi esposo, por ejemplo, es un estadounidense hecho y derecho: criado por un padre marine, fanático de las armas de fuego… Cero contacto con este mundo. La primera vez que vino a verme en un rol protagónico fue en La bohème y quedó en shock. Después vino a verme a Nashville en Carmen y me dijo: «Es la música más increíble que escuché en mi vida». Si un hombre con su perfil puede conmoverse y disfrutar de una función, la ópera es definitivamente para cualquiera. Solo hace falta darse la oportunidad y bajar un cambio.
L.A.: A la hora de preparar personajes tan emblemáticos como Tosca, Giulietta o Carmen, ¿te ceñís estrictamente a la partitura o te nutrís escuchando las versiones de las grandes leyendas del pasado?
Marina Costa-Jackson: Es una combinación de factores. Al haber empezado más grande, me dediqué a absorber compulsivamente cuanta grabación cayera en mis manos: Maria Callas, Renata Tebaldi, Renata Scotto, Mirella Freni… todas ellas viven en mi cabeza. Pero en el abordaje general de un rol, mi meta primordial —más allá de cantar bien desde lo técnico— es retratar la humanidad que encierra la partitura. No se trata solo de hacer lo que está escrito en el pentagrama, sino de encontrar el subtexto: ¿Por qué mi personaje canta esto? ¿Qué necesidad interna lo empuja a expresarlo? ¿Qué busca lograr y cómo cambia su realidad después de cantarlo? La ópera se vuelve magnética cuando el intérprete comprende a fondo la psicología del rol. La única vía para que el público conecte de verdad y desee volver a una sala lírica es sintiendo reflejada su propia condición humana.
L.A.: ¿Y cómo se encuentra esa humanidad cuando te toca encarnar personajes más abstractos, mitológicos o vinculados al repertorio barroco y temprano?
Marina Costa-Jackson: Por mi fach vocal, al tener una voz con más peso y volumen, me he movido casi siempre en el terreno del verismo, donde todo nace de la entraña humana más cruda. Pero incluso en la música temprana o en roles con coloraturas interminables, nuestra misión como cantantes sigue siendo transmitir verdad. Cuando una interpretación pierde interés es porque se desligó de la motivación dramática. La obligación del cantante es encontrar esa verdad psicológica, sea un ser mitológico o una heroína trágica.
L.A.: ¿Tenés curiosidad por explorar géneros fuera de la lírica?
Marina Costa-Jackson: En los conciertos que hago con mis hermanas solemos cantar canciones tradicionales italianas – mi madre es de Palermo – y algunas cosas clásicas de Broadway. Pero no me considero cantante pop. Mis amigas a veces me dicen de ir a un karaoke jurando que voy a romperla, y les digo: «¡Ni se les ocurra!». Mi hermana Ginger sí tiene esa ductilidad para cantar lo que le pongas enfrente; mi instrumento es bastante más específico. Me encanta escuchar pop, entreno en el gimnasio escuchando a Lady Gaga, pero cantar otros géneros de manera profesional no es algo que me inspire.
L.A.: Para cerrar: ¿cómo hacés para desconectarte del personaje y de las exigencias del mundo operístico cuando bajás del escenario?
Marina Costa-Jackson: No creo que exista una desconexión real. Todo lo que vivo en mi vida cotidiana nutre a la artista: soy mejor cantante porque soy madre, porque soy esposa, hija y hermana. Mi experiencia como ser humano informa mi canto. La única excepción ocurre con títulos devastadores como Suor Angelica, donde en la escena final sostenés en tus brazos al hijo que perdiste. Es un rol tan desgarrador que, al llegar a casa, tengo que obligarme a dejarlo afuera conscientemente para no entrar en una depresión profunda. Pero en el día a día, la ópera soy yo; no hay división.
L.A.: Se nota que vivís la maternidad con una entrega absoluta…
Marina Costa-Jackson: ¿Qué mejor manera de entender la humanidad que a través de estos pequeños seres que están aprendiendo a ser personas? Al nacer no pueden hacer nada por sí mismos, y de repente empiezan a crecer y ves en ellos la compasión, los celos, la ira, el afecto… Es alucinante. Ves la condición humana en su estado más transparente, antes de que el mundo o los golpes de la vida la condicionen. Criar hijos es dificilísimo, requiere estar templada incluso cuando estás agotada, pero es lo más desafiante y hermoso del universo.

Les contes d’Hoffmann en el Teatro Colón: coordenadas de un regreso imperdible
La gran fábula lírica de Jacques Offenbach vuelve a encender la sala principal del Teatro Colón con la reposición de la icónica y deslumbrante puesta en escena, escenografía y vestuario concebida por el recordado maestro Eugenio Zanetti (con dirección repositora de Sebastián Sabas). Con la Orquesta Estable del Teatro Colón en el foso, la obra contará con siete funciones entre el 9 y el 16 de octubre.
El elenco de las funciones del 9, 11, 13 y 15 de octubre reúne un ensamble de lujo encabezado por el tenor francés Jean-François Borras (Hoffmann), la mezzosoprano italiana Annalisa Stroppa (Nicklausse / La Musa), el bajo Dmitry Ulyanov (encarnando a los cuatro antagonistas: Lindorf, Coppélius, Miracle y Dapertutto), Mar Morán (Olympia), Jaquelina Livieri (Antonia / Stella) y el esperado debut de Marina Costa-Jackson en la piel de la seductora Giulietta. En tanto, las veladas del 10, 14 y 16 de octubre contarán con las actuaciones protagónicas de Leonardo Caimi, Daniela Prado, Nahuel Di Pierro, Constanza Díaz Falú, Laura Pisani y Mariana Carnovali; destacándose la función del viernes 16, destinada exclusivamente al público joven dentro del ciclo SUB30.
Las entradas ya se encuentran a la venta y pueden adquirirse de manera online durante las 24 horas en el sitio oficial de Teatro Colón, o de forma presencial en la boletería del teatro (Libertad 621, de lunes a sábado de 9:00 a 16:45 hs).
¿Te gustó lo que leíste?
¡Coméntanos y colaborá con nosotros!
BlueberryMusica destaca los lanzamientos, conciertos y datos interesantes sobre artistas que fusionan la música clásica y popular; como así también los que se dedican puramente a la ópera, jazz, pop y rock.
Siempre atentos a nuevos y legendarios exponentes de la música, la tarea de Blueberry es traer la tradición y lo popular a un solo lugar, creando puentes entre lo legendario y tradicional con lo avant garde y la pop culture.
Confiando en el apoyo de nuestros lectores para seguir adelante, siempre estamos abiertos a recibir sugerencias sobre artistas emergentes o respecto de algunos que quizás no hemos escuchado aún. Por eso, si tenes alguna sugerencia o querés presentarte a Blueberry como músico, no olvides seguirnos en nuestro Instagram para escribirnos o a nuestro email oficial.
