
Con una vocalidad atípica que combina agilidad con un centro pleno de color, la soprano española deslumbra en el Teatro Colón encarnando a la icónica muñeca de Offenbach.
Mar charló con BlueberryMusica sobre el peso de la salud mental en el escenario, encarnar la mismísima inteligencia artificial, el rescate de joyas olvidadas de la música española y por qué la figura de la diva inalcanzable ya es cosa del pasado. Hoy jueves se despide con la última función de Los cuentos de Hoffmann.
Hay algo profundamente reconfortante en ver cómo los rituales porteños desarman la solemnidad del mundo lírico. En una mesa de café, con una taza humeante de té de jengibre en mano, Mar Morán se ríe mientras confiesa su flamante fascinación por armar el mate con montañita y el amor incondicional que le despertó el dulce de leche artesanal.
Esa calidez cotidiana convive con una artista rigurosa, lúcida y en pleno ascenso internacional. Su desembarco en Buenos Aires para ponerse en la piel de la muñeca mecánica Olympia, dentro de la aclamada producción de Los cuentos de Hoffmann de Jacques Offenbach con puesta en escena y escenografía del recordado Eugenio Zanetti en el Teatro Colón, marca un hito en su carrera. Hoy, jueves 15 de octubre, ofrecerá su última función de esta temporada en el máximo coliseo argentino.
A contramano de la tradición que suele reservar a Olympia para sopranos ligeras puras – de emisión pequeña, incisiva y casi exclusivamente acrobática -, Morán despliega una voz de soprano lírico-ligera. Lejos de afinar el sonido para cumplir con el molde, la cantante reivindica su propia identidad tímbrica: una presencia vocal sólida que no sacrifica la pirotecnia de los sobreagudos, pero que le devuelve al personaje una carnalidad tímbrica singular.
Desde sus inicios como flautista hasta su consagración tras atravesar una treintena de concursos líricos internacionales, Mar Morán pertenece a esa generación que entiende el canto sin distancias elitistas. A continuación, el mano a mano completo con BlueberryMusica.
El reencuentro con Olympia
Luciano Ayala: Comentabas recién que este paso por el Colón es como un reencuentro con Olympia después de varios años. ¿Cómo lo estás viviendo?
Mar Morán: Totalmente, yo lo considero un debut en realidad. La canté por última vez en 2018 o 2019, en mi último año en la Escuela Superior de Canto de Madrid. En ese momento todavía no estás preparada para muchísimas cosas, ni para un rol así siquiera. Mi voz ya tenía un poco de color, pero técnicamente había aspectos que tenía que resolver. Ahora me siento muchísimo más cómoda en la parte técnica, pero sobre todo me doy cuenta de la fortaleza mental necesaria para soportar el rol. Es la misma voz y la misma cantante, pero si tengo que comparar la Mar de 2019 con la de 2026 en el Colón, la gran diferencia es la fortaleza y la salud mental.
L.A.: Es un rol que suele poner los ojos de todo el teatro exclusivamente sobre vos…
Mar Morán: Cuando te subís a un escenario, no solo está la parte musical; hay una parte de consciencia y de seguridad que se trabaja con psicólogos o con coachings para asumir que estás haciendo algo dificilísimo técnicamente delante de miles de personas. Y no solo el público: en el acto de Olympia tenés en escena a todo el coro, a los otros solistas, a la orquesta, al maestro y a la dirección del teatro detrás tuyo mirándote. No es lo mismo estar en tu casa con tu maestro haciendo escalas y el aria tres mil veces que enfrentarte a eso. A la salud mental a veces no se le da la importancia debida en los estudios superiores, cuando un cantante tiene que estar preparado mentalmente incluso antes que musical o técnicamente.
L.A.: ¿Es muy difícil componer lo robótico del personaje o le encontraste la vuelta rápido?
Mar Morán: ¡Eso ya me lo diréis vosotros cuando lo veáis! (risas). A mí me gusta jugar, me encanta la interpretación y meterme en los personajes todo lo que pueda. Pero mirá, justo hace unos meses, en abril, estuve en Hungría y estrené Klara, una ópera nueva de Pedro Halffter donde soy el único personaje y encarno a una Inteligencia Artificial. En los primeros actos es un poco como Olympia: mecánica, robótica, con notas percutidas, sin lirismo ni nada pucciniano porque eso representaría lo humano. Pero a lo largo de la obra, la IA busca constantemente sentir y ser humana.
L.A.: Hacés el camino inverso en el Colón.
Mar Morán: Exactamente. En Olympia yo soy humana, pero tengo que acercarme lo máximo posible a algo robótico. ¿Cómo lo hago? Más allá de los movimientos mecánicos que se trabajan en la coreografía, vuelco todo en la parte vocal: buscar una emisión impecable, con una precisión casi matemática siendo humana. Mi marido es informático y trabaja mucho entrenando sistemas de IA, así que hablamos un montón del tema. A veces te quedás pensando a dónde va todo esto: ¿llegará un momento en que a Olympia la haga un robot? Seguro que sí y seguramente lo haría perfecto… pero dejaría de ser sorprendente porque no habría ningún virtuosismo en eso. La gracia es que un ser humano alcance esa dificultad técnica. En todo caso, el día que un robot cante Puccini o Verdi y haga que se te caigan las lágrimas, hablamos; pero a eso lo veo bastante lejos (risas).

L.A.: En esta producción del Colón estamos ante una propuesta que dialoga mucho con lo tradicional, a través de la icónica estética de Eugenio Zanetti.
Mar Morán: Hubiese sido hermoso poder hablar de esto con Eugenio antes de que, desgraciadamente, nos dejara. Desde mi lugar, siento que él quiso respetar profundamente la tradición aportando algo propio y diferente a través de una paleta de colores y un vestuario maravillosos. A mí me gusta mucho la tradición. Hoy estamos en una época de puestas conceptuales que a veces desdibujan la historia. Si conocés una ópera de memoria, no importa tanto si te la ambientan en la Luna; pero para el público general, si algo no es reconocible, lo aleja. A veces me apetece ver una Traviata tradicional, con sus vestidos de época, y ver a Violetta siendo Violetta. Me parece genial innovar y hay directores que son genios absolutos, pero tiene que haber un equilibrio 50-50 para que la lírica siga siendo accesible a todos los públicos.
El rescate patrimonial
L.A.: Tenés una intensa actividad de recuperación musicológica con varios álbumes editados. ¿Cómo convive eso con los grandes títulos del repertorio?
Mar Morán: Me apasiona hacer lo que no está hecho. Cuando abordás un rol como Violetta o la Reina de la Noche, hay una tradición y unas expectativas tan marcadas que estás más encajonada. En cambio, cuando ponés tu voz por primera vez en una obra, la libertad artística es total. Llevo tres discos publicados: dos de recuperación histórica —uno de ellos dedicado al compositor navarro Jesús García Leoz, otro dedicado al compositor valenciano Manuel Palau — y otro junto a un compositor vivo fantástico, Borja Mariño. Ahora, para 2027, saldrá un álbum integral con las canciones de concierto de Cristóbal Oudrid.
Nota: Considerado una figura clave en la consolidación del teatro musical español del siglo XIX, Cristóbal Oudrid fue uno de los compositores y directores fundadores que impulsaron en 1856 la creación del histórico Teatro de la Zarzuela de Madrid, dotando al género de una casa propia frente al monopolio de la ópera italiana.
—Oudrid compuso más de ochenta zarzuelas, pero sus canciones de concierto estaban metidas en cajones y no tenían ni una sola grabación previa. Si buscabas su nombre, no encontrabas nada. Me encanta meterme en la biblioteca, investigar con quién se codeaba el compositor y rescatar esa música fascinante. Ese trabajo me da una mirada y una libertad que después me nutren muchísimo cuando vuelvo al escenario de ópera.
La pregunta Blueberry: ¿Crossover? ¿Rosalía?
L.A.: Siempre preguntamos, a todos nuestros entrevistados, si harían algo por fuera de la ópera o música académica.
Mar Morán: Bueno, hace poco tuve la oportunidad de cantar con la Big Band de jazz de Cáceres en un formato muy diferente al de la sala lírica. ¡Fue una experiencia brutal, lo más cercano a sentirme una estrella de rock! (risas). Fue a finales de julio con la Big Band Jazzrres, al aire libre, de noche y ante más de dos mil personas. Nos invitaron a cuatro cantantes extremeñas de distintos géneros: flamenco, lírica, pop y jazz.
Fue un salto al vacío para ambos mundos: nosotros venimos con cada compás milimétricamente pautado por el director y ellos van a la improvisación pura. Me acerqué al estilo de ellos cantando «Summertime» y ellos llevaron sus instrumentos al terreno lírico para acompañarme en «Je veux vivre» de Gounod. Admiro muchísimo a colegas como la soprano española Ruth Iniesta, que viene del teatro musical y tiene la versatilidad de alternar ambos registros con una solvencia increíble.
L.A.: En esa misma línea de cruces, hace poco Rosalía incorporó arreglos orquestales y guiños operísticos a su más reciente disco y gira. ¿Qué opinás de ese acercamiento desde el pop?
Mar Morán: Me parece fantástico y súper inteligente. Rosalía no pretende ser cantante de ópera ni nosotros pretendemos medirla bajo esos parámetros, pero la visibilidad que le da a nuestro mundo es enorme. Es una artista que no da puntada sin hilo, que busca diferenciarse y rompe con el prejuicio de que lo clásico es intocable. Si gracias a que ella incluye violines o sonoridades clásicas en un tema masivo un chico joven se entusiasma y decide ir por primera vez a un concierto orquestal, el aporte es invaluable. La música es comunicación y bienvenida sea toda iniciativa que acerque nuestro nicho a nuevas generaciones.

L.A.: ¿Cómo convive la soprano Mar Morán con María del Mar? ¿Acaso puedes dejar de lado tu “opera persona”?
Mar Morán: Es imposible desvincular el instrumento de la persona porque nuestro instrumento está adentro nuestro; no sos un flautista o un violinista que termina de tocar, guarda el instrumento en el estuche y se va a cenar. Todo lo que te pasa en el día a día —si estás cansada, alegre o angustiada— resuena en tu laringe. Si debo decir que la figura de la diva inalcanzable, gracias a Dios, ya quedó en el pasado. Hoy las redes sociales nos acercaron al público y la gente ve que sos una persona común y corriente que tiene un perrito, viaja con su marido, toma café por la tarde o dibuja en su casa un día de lluvia. En el teatro sos apenas una pieza de un engranaje colectivo: si caracterización no te peina, si el regidor no te da la entrada o el maestro no baja la batuta, vos no sonás. Somos un equipo.
L.A.: ¿Siempre dedicada a tu arte?
Mar Morán: Durante la pandemia, haciendo un máster en la International Opera Academy de Gante, becada, tuve un momento de crisis. Eran mis primeros pasos por fuera de España. Cuando todo se paralizó, vinieron las dudas: «¿Esto es lo que quiero? ¿Voy a poder vivir de esto?». Cantar para mí es sanador; me duele la cabeza o estoy mal por algo y cantar me sana; no concibo la vida sin hacerlo. Pero me daba mucho pavor ser juzgada en un escenario. Entonces decidí ir a por todas: como quien le tiene fobia a las arañas y se mete en una habitación llena de arañas para sacarse el miedo, me presenté a más de 25 o 30 concursos por todo el mundo.
—¿Fue la forma de abrirte camino sin teatros abiertos?
Mar Morán: Claro, no tenía agencia y los teatros estaban cerrados. ‘¿Cómo hacés para que te escuchen?’ Concursar. Es durísimo porque estás expuesta ante un jurado que anota sin mirarte y no siempre das lo mejor bajo tanta presión. Llegué a contar unos 28 o 29 concursos. Gané muchos, pero aprendí más de los que no gané: me sirvieron para entender en qué repertorio brillaba realmente mi voz. Por tener color en el centro, muchos me decían que era una soprano lírica, pero en ese repertorio venía una lírica pura y me barría. Encontré mi lugar cuando me presenté con roles de ligera —el bel canto, Bellini, Donizetti—: la gente esperaba una voz chiquita y de repente aparecía alguien con más cuerpo y color. Esa sorpresa sonora me abrió las puertas. Hoy el bel canto es donde más cómoda me siento; si tengo que elegir un rol en este momento, me quedo con La sonnambula.
—¿Qué proyectos te esperan al regresar a España?
Mar Morán: El 27 de octubre ya empiezo los ensayos en el Teatro de la Zarzuela de Madrid para el estreno absoluto de «Las trece rosas rojas», una ópera contemporánea en español compuesta por Cecilia Bercovich, donde voy a cantar junto a Ruth Iniesta y un gran elenco. Aborda la historia de las trece jóvenes fusiladas durante la posguerra civil española; a mí me toca interpretar a Blanca Brisac, que era la única música del grupo —era pianista— y además era madre. Es un compromiso enorme y un honor volver a poner la voz por primera vez en una partitura viva.
Última función – Transmitida en vivo
Mar Morán canta su última función como Olympia en Los cuentos de Hoffmann hoy, jueves 15 de octubre de 2026, a las 20:00 h, en la sala principal del Teatro Colón (Tucumán 1171, CABA). Pueden comprar sus entradas aquí o mismo ver la transmisión EN VIVO por la web oficial del teatro.
Los roles protagónicos cuentan con las voces de Jean-François Borras como Hoffmann; Nicklausse a cargo de Annalisa Stroppa; y el antagonista, en sus diversas versiones, interpretado por Dmitry Ulyanov.

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