
«No estoy entre dos culturas, estoy plenamente dentro de ambas«
El tenor Amine J. Hachem se sentó con BlueberryMusica a hablar sobre cómo encarna, en un diálogo constante, la ópera y el tarab, convirtiéndose en un cantante crossover de singulares características.
A lo largo de los años, Blueberry ha descubierto que la cantidad de voces que se dedican al crossover con la exclusiva misión u objetivo de conciliar distintas influencias y pasiones en un solo instrumento. En esta oportunidad, tuvimos el placer de conversar con un cantante que ofrece un “crossover” bastante único, ya sea respecto de las influencias como también en torno al respeto con el que trata los distintos estilos que caracterizan su trayectoria artística.
Amine J. Hachem es un tenor libanés-estadounidense que desafía la etiqueta comercial de «crossover» para convertirla en una verdadera filosofía: la libertad de un artista que se siente tan cómodo interpretando Puccini como las complejidades melismáticas del tarab árabe. Su música no es una simple mezcla, sino un diálogo sincero y profundo entre culturas, lo que lo convierte en una voz esencial para la nueva generación.
En esta entrevista exclusiva para Blueberry, Hachem nos cuenta cómo ese «diálogo interno» entre Occidente y Oriente nutre su voz, por qué la ópera árabe es el paso evolutivo que el género necesita y cómo su identidad es su mayor acto de rebeldía.
Es claro que sos un artista que se mueve en dentro del mundo del Classical Crossover. Para vos, ¿qué significa y qué representa el Classical Crossover? ¿Es solo una mezcla de géneros o hay una filosofía más profunda detrás de tu enfoque?
Amine: Para mí, el Classical Crossover no es una etiqueta de marketing. Es una filosofía de libertad artística enraizada en la disciplina. Mi base es el bel canto y el rigor académico del canto clásico, con respeto por la respiración, la línea, el fraseo, la arquitectura musical y la fidelidad a la partitura. Pero mi identidad artística no surgió de un solo mundo. Se moldeó entre culturas y a través de escenarios en Líbano, Estados Unidos, Europa y Oriente Medio. Mi lenguaje musical vive en diálogo constante con la ópera, la música clásica europea, los clásicos estadounidenses, el pop, el jazz, la música latina, la tradición clásica árabe y la música folclórica.
El crossover, cuando tiene un propósito, no es un collage de estilos; es un medio para responder preguntas que, para mí, son esenciales: ¿Cómo llevo la contundencia emocional de la música árabe a una forma sinfónica sin perder su alma? ¿Cómo honro la tradición clásica sin confinarla a un museo? No fusiono géneros por novedad. Sirvo a la música permitiendo que cada influencia cultural hable con honestidad y respeto.
Siendo, entonces, un tenor con sólida formación académica, pero que abraza plenamente la rica tradición de la música árabe. ¿Cómo manejás ese diálogo interno entre el rigor del bel canto occidental y la libertad melismática del tarab o la música oriental? ¿Sentís que un estilo realza al otro?
Amine: El diálogo entre el bel canto y el tarab crea un equilibrio, un punto de encuentro entre disciplina y emoción. El bel canto me enseñó el control, a respirar, sostener una línea y encontrar fuerza en el núcleo de la voz. El Tarab me dio libertad, la capacidad de estirar una frase y llevarla más allá de la página escrita. Cuando estas dos tradiciones se encuentran con respeto, se elevan mutuamente. La técnica empieza a servir a la emoción y la emoción le da sentido a la técnica.
¿Hubo un momento en el que te resultó claro que el crossover no era solo parte de tu trabajo, sino tu identidad artística?
Amine: No fue un momento puntual, sino una verdad que volvía a mí una y otra vez. Cada vez que cantaba solo música clásica, me sentía incompleto. Cada vez que cantaba solo pop internacional o música árabe, me sentía igualmente limitado. No estoy entre dos culturas. Estoy plenamente dentro de ambas. El crossover no fue una decisión, fue la aceptación de quién soy.
Si tuviera que elegir un momento definitorio, ocurrió en el escenario. Una vez pasé de un aria de Puccini a una melodía levantina en el mismo concierto. La reacción no fue confusión, sino reconocimiento. Algo natural había ocurrido. Ese momento confirmó mi creencia de que la música ya es un solo idioma. Es la industria la que lo divide. Esa convicción me guía hoy, incluso en mi trabajo original Ghannaki Al Qalb. No es un experimento de fusión. Es una declaración de identidad.
La ópera a veces se siente inalcanzable para el público joven. ¿Cuál es un aria o rol del repertorio puramente clásico que te sirve de ancla como tenor de formación clásica?
Amine: Para mí, el ancla no es una sola aria. Es el estándar que exige la ópera. Hay roles con los que conecto profundamente, como Cavaradossi en Tosca o Don José en Carmen, pero lo que me da estabilidad es la disciplina y la integridad de la ópera. Exige honestidad emocional, precisión vocal y responsabilidad con la partitura.
Cuando vuelvo al repertorio puramente clásico —ya sea Verdi, Puccini, un oratorio sacro o una canción napolitana en su forma original—, me reconecto con la base que le da significado a todo lo demás. Mi mundo musical contiene muchos colores, pero la formación académica es la columna vertebral. Sin ella, la voz puede entretener, pero no puede perdurar.
Tu concierto en Montreal se titula Around the World in Music (Alrededor del Mundo en Música). ¿Qué significa este concepto para vos y cómo esperás que inspire a las audiencias más jóvenes?
Amine: Around the World in Music es un viaje a través de mi identidad artistica. Refleja mi vida entre Líbano, Estados Unidos, Europa y Oriente Medio, celebrando la coexistencia. Demuestra que la música no necesita fronteras y que la técnica y la emoción no son opuestos.
A menudo se presiona a las audiencias jóvenes para que elijan una única identidad musical. Quiero que sepan que lo opuesto es posible. Podés honrar tu herencia y seguir siendo global. Podés innovar sin perder tu voz. Si un joven, post-concierto, se va de la sala creyendo que la música puede ser atemporal y, a la vez, nueva, entonces el concierto ha cumplido su misión.
Mi mundo musical contiene muchos colores, pero la formación académica es la columna vertebral.
Amine J. Hachem

Estás involucrado en Antar and Abla en Abu Dhabi. ¿Cuál es el mayor desafío al llevar una ópera con narrativa árabe a un estándar internacional sin perder la autenticidad cultural?
Amine: El mayor desafío es también la mayor oportunidad: es demostrar que la narrativa árabe pertenece a los escenarios de ópera internacionales, sin imitación y sin pedir disculpas o permiso. No es suficiente traducir una historia. Debe ser elevada con arquitectura orquestal, claridad dramática y profundidad emocional, conservando al mismo tiempo el alma cultural.
El objetivo no es crear una producción exótica. Es crear una ópera de clase mundial en árabe. Eso exige un equilibrio: la poesía del idioma debe sobrevivir. La tradición del maqam debe vivir dentro de la partitura sin abrumar su estructura dramática. La puesta en escena debe sentirse moderna sin borrar la tradición.
Estoy trabajando con un equipo excepcional que cree en esta misión. Juntos no solo estamos produciendo una obra nueva. Estamos ayudando a abrir una puerta para futuros compositores y narradores de nuestra región. Si la ópera quiere seguir viva, debe expandirse más allá del lenguaje y el repertorio eurocéntricos. Antar and Abla es un paso en esa evolución.
¿Hay algún rol, canción o proyecto que soñás con explorar o moldear en el futuro?
Hay varios roles que todavía espero explorar en el repertorio clásico. Cavaradossi en Tosca sigue siendo muy cercano a mi corazón. También espero roles como Don José en Carmen, Andrea Chénier en Andrea Chénier, Manrico en Il Trovatore y Canio en Pagliacci. Me atraen porque transmiten verdad, conflicto y vulnerabilidad.
Pero lo que me impulsa hoy no es solo la interpretación; también lo es la autoría artística. Si bien interpretar los grandes roles operísticos siempre será parte de mi camino, siento la responsabilidad de contribuir con música e historias nuevas, en lugar de solo repetir lo que ya existe.
Por eso, los proyectos originales como Ghannaki Al Qalb y la ópera árabe Antar and Abla son centrales en mi camino. Me permiten construir música que lleva identidad, narrativa y continuidad cultural. Siempre honraré las obras maestras del pasado, pero mi futuro también está en crear nuevos capítulos, no solo en interpretar los existentes.
La pasión con la que Amine J. Hachem defiende su doble herencia es inspiradora. Nos recuerda que la música académica no tiene por qué elegir un bando. Al contrario: cuando se permite ser permeada por otras culturas, se vuelve más rica y se acerca aún más a las nuevas generaciones.
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