Como resultado de un proceso extremadamente meticuloso y gradual de composición y realización, que la misma Fiona Apple evidencia en las letras, “Fetch the bolt cutters” marca el regreso de la cantante a la industria musical.

Cuando el bajista Sebastian Steinberg, músico y coproductor en este trabajo de estudio, mencionó que el disco tendría reminiscencias a “Hot Knife”, tuve una leve vacilación en mi entusiasmo por el nuevo material. El crudo sonido de “The Idler Wheel…” fue algo realmente contrastante, en sí, con el resto de los trabajos de Apple. El mismo fue llegado a ser considerado como un resurgimiento de la artista, en donde la profundidad de las analogías y estribillos poéticos lograban evidenciar aún más el genio creativo de Apple. Sin embargo, no deseaba que volviese a repetir esta receta, más aún luego de un tiempo más que considerable. 

Contrario a mis palpitos, “Fetch the bolt cutters” literalmente valió la mentada espera y sobrepasó las expectativas que yo y cualquier oyente podría haber tenido en este nuevo material, ofreciendo un material que simultáneamente innova y conecta con sus trabajos anteriores. El disco trata temáticas desde un enfoque más abarcativo, con muchísima más variedad de posturas y sentimiento, contrario a su predecesor trabajo, en donde la ira y sensibilidad se encontraban demasiado a flor de piel (casi de forma tajante).

Foto: Zelda Hallman / Vulture

¿Hay algún single comercial? En mi humilde opinión, creo que la misma “Fetch the bolt cutters” y “Under the table” cumplirían con ese papel por ser las más “easy listening” del disco. La primera, según la misma Apple, surgió casi a lo último del álbum, pese a que es la que más describe el mensaje principal de todo este trabajo de estudio. En efecto, FTBC habla sobre salir de ese lugar que tanto te hace mal, liberarse de esa posición que nos carcome, ya sea porque alguien más nos ha encerrado en esa especie de cárcel o porque nosotros mismos nos depositamos allí, acostumbrándonos a ese dolor conocido (“malo conocido que bueno por conocer”). “Under the table” sube apenas un nivel de simpleza y habla sobre una de las más grandes cualidades de Apple: el no poder caretearla (enunciándolo coloquialmente). 

Apple no hizo un punto y aparte con el resto de su discografía, puesto que hay un par de reminiscencias que, para mi, fueron ineludibles. “Under the table”, tiene una armonía muy reminiscente a “When the pawn…”,más precisamente al single “Paper Bag”, que se alejaba un poco del jazz experimental y ofrecía una melodía un poco más convencional. Por otro lado, “Rack of his” tiene una estructura similar a la que Fiona presentó en el disco «Extraordinary Machine», donde no hay tanta experimentación de percusión, sino que más bien acompaña una especie de relato cantado, haciéndome recordar a canciones como “Get Him Back” o “O’Sailor”. Ya con “Relay” empezamos a ver la comparación que hizo el bajista, siendo que la conexión con el estilo de “Hot Knife” es ineludible, continuando exponencialmente a medida que avanza el disco. 

Foto por Fiona Apple

Yendo hacia lo realmente novedoso y suculento, destaco la utilización de coros, que en este disco ocupa un lugar protagónico. “For Her” es una composición simplemente asombrosa, por no decir la más exquisita del disco, que por sus repentinos cambios de clima y polifonía de coros, sumado a la poderosisima letra cuasi de protesta, me lo podía esperar solo de artistas de la gama de Bjork. En “Newspaper”, la oscuridad de la melodía se equilibra con los coros, logrando que la letra transmita una amalgama de sentimientos: desde tristeza hasta ira. Finalmente, “Cosmonauts” tiene una fuerte base que remite a su legendaria colaboración con Jon Brion, pero que es reinventada con coros celestiales y unos bajos acentuados, que de alguna forma resaltan la historia tan realista que relata: una pareja, que aún siguen juntos, pero no como un cuento de hadas. 

Quizás la única crítica, por así decirlo, es el cierre elegido para este trabajo. “On I Go” tiene una letra convincente como para culminar el viaje que representa “Fetch the bolt cutters”, pero la melodía no termina de convencer. Frente a ello, encuentro como principal culpable a la misma Fiona, por otorgarnos siempre cierres de disco extraordinarios: “Carrion”, “I know”, “Waltz (Better than fine)” y “Hot Knife” son tan grandilocuentes y abarcativos del estilo de cada disco que, en comparación, el cierre de FTBC deviene en simple.

Foto: Zelda Hallman / Vulture

A modo de comentario final debo recalcar que es claro que Fiona Apple, con “Fetch the bolt cutters”, nos regala el fruto de un grandilocuente y puntilloso trabajo de años de desarrollo. Durante todo el disco pude encontrar ciertos pasajes, estribillos y vocalizaciones que me remitieron directamente  a Tori Amos y Regina Spektor, pero: ¿Realmente puedo atreverme a comparar? Este disco denota que todo fue ideado de cero por ella, animándose a revivir experiencias del pasado y confrontar sentimientos oscuros ya vividos, iluminándonos con su actual ser.

Como bien resalté, aquí no encontramos una Apple tan vulnerable e inestable como se podía escuchar en “The Idler Wheel…”, sino que encontramos una artista y persona más realizada y amigada con su presente, lo suficiente como para volver a atrás y poder hablar de ello desde varias y constructivas perspectivas, que incluso fomentan el empoderamiento femenino contra la toxicidad entre las mismas mujeres y el maltrato, abuso y violencia del hombre. Sumado a las melodías y percusión, que logran una combinación sublime en este trabajo de casi una hora de longitud, me sumo a la idea de varios medios: este es uno de los discos del año.

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